El Génesis del comunismo castrista (Parte I)

Algunos fuera de Cuba creen que el régimen cubano ha sido una muestra de triunfo social, algunos opinan que Castro fue un genio, que su simbolismo político de líder es inigualable e incluso después de muerto.
Algunos  podrán pensar que el hombre con todos los supuestos atentados (más de 600) y amenazas inventadas, era un líder único y sin precedentes.
Y dentro de la isla algunos lo creen también, es mas, es común que aunque sea la misma revolución que hoy lleva Miguel Díaz Canel la gente en Cuba diga de vez en cuando: «…con Fidel esto no pasaba» si darse cuenta que lo que se vive es el legado del mal que dejó su líder.
Pero si miramos la política de la Revolución Cubana solo podemos llegar a una conclusión, ha sido para esclavizar, maltratar y aniquilar a todo un pueblo lentamente. La revolución de Fidel Castro Ruz es una dictadura que impone, que se disfraza que se hizo, desarrolló y morirá bajo la mentira despiadada de sus dirigentes.
Antes del triunfo revolucionario comenzó la mentira en su alegato en «La Historia me absolverá», aunque me atrevería a decir incluso en los planes de los sucesos que se planearon en la Granjita Siboney.
En su famoso discurso de 1953,  prometió convertir a Cuba en el paraíso sobre la Tierra, dijo orgulloso a quienes lo condenaban: «Condenadme, no importa, la Historia me absolverá». Si acaso, Cuba fue el paraíso particular de Fidel, del clan Castro y de sus más fieles seguidores en el poder político. Con esos hechos, si la Historia lo absuelve, quedaría demostrado que, como muchos piensan, la Historia es una vieja Dama, indigna e hipócrita.

En la obra» La historia me absolverá», se expone los seis problemas fundamentales que según Fidel Castro, Cuba presentaba en aquel momento y que lo habían llevado a sublevarse contra la dictadura de Fulgencio Batista:

1-Problema de la tierra: 85% de los pequeños agricultores pagaban renta y sufrían la amenaza de desalojo.
2-Problema de la industrialización: la población urbana llegaba a los dos millones y medio de personas que debían pagar altos alquileres por las casas que ocupaban,
3-Problemas de desempleo: más de un millón de desempleados,
4-Problemas de vivienda: las familias vivían hacinados,
5-Problemas de educación: gran parte de la población era analfabeta,
6-Problemas de salud: 90% de los niños del campo eran devorados por parásitos.
Por estas causas el  26 de julio de 1953 ataca los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

Foto: Batista y Fidel


Es bueno se conozca que meses antes del asalto a los cuarteles de Santiago de Cuba, Fidel Castro había puesto una demanda contra Fulgencio Batista.
Castro denunció a Batista ante un Tribunal de Urgencia por violar la constitución. Los tribunales rechazaron su demanda. Castro decidió abandonar la lucha política para pasar a la lucha armada para derrocar a Batista.

El Moncada fue un desastre que bajo el lema «Encender la llama de un levantamiento general del país: ser los iniciadores». Se llevó a cabo.
La fecha del 26 de julio fue elegida por coincidir con las fiestas patronales de Santiago: la probabilidad de despiste por parte de los soldados encargados de custodiar la instalación militar era alta. Castro y su grupo también habían previsto hacerse con el control de otros edificios en las proximidades del cuartel y lanzar otro ataque, de menor intensidad, en Bayamo.
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El cuartel de Moncada era, en 1953, el segundo más importante de Cuba, sede de varias unidades militares. Situado en Santiago de Cuba, segunda ciudad del país, su toma fue considerada por un joven Fidel Castro como el primer objetivo de cara a una a sublevación encaminada a extenderse por toda la isla. «Encender la llama de un levantamiento general del país: ser los iniciadores». Ese era el lema.

La fecha del 26 de julio fue elegida por coincidir con las fiestas patronales de Santiago: la probabilidad de despiste por parte de los soldados encargados de custodiar la instalación militar era alta. Castro y su grupo también habían previsto hacerse con el control de otros edificios en las proximidades del cuartel y lanzar otro ataque, de menor intensidad, en Bayamo.
Fidel Castro
El grupo liderado por Castro estaba conformado por alrededor de 150 personas. Como precisa Hugh Thomas en Historia de Cuba, la mayoría eran «obreros industriales, trabajadores agrícolas y dependientes de comercio». Mas bien encuadrados por una élite con ideas claras: Castro, líder estudiantil, y Abel Santamaría, contable de una empresa. El primero ya se dedicaba al activismo desde mediados de los cuarenta; el segundo, tardó un poco más. Ambos, en todo caso, intensificaron sus acciones a raíz del golpe de Estado de Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952.
Desde ese día, prácticamente, empezaron a preparar la acción de Moncada. Al cabo de un año, el armamento congregado era escaso: según Thomas, «tres rifles del Ejército norteamericano, seis viejos rifles Winchester, una ametralladora antigua y varios fusiles de caza». Según varias fuentes, aunque el episodio no está lo suficientemente documentado, Castro visitó previamente a su entonces cuñado, Rafael Díaz-Balart, a la sazón subsecretario de Interior, para cerciorarse de que las autoridades no sospechaban nada.
A las 5.30 de la mañana del día de marras, veintiséis coches salieron de Siboney –la finca utilizada como retaguardia– en dirección a Santiago. Algunos de ellos, alrededor de un tercio de los efectivos, se perdió antes de llegar al cuartel. Otros errores agudizaron la insuperable desventaja de los asaltantes.
Consciente de que seguir combatiendo en semejante condiciones solo podía desembocar en una masacre para los suyos, Castro ordenó la retirada general, pero sin avisar al resto: Santamaría, que había logrado tomar el Hospital Civil, ignoraba la consigna. Lo pagó con su vida. Raúl Castro, que había hecho lo propio con el Palacio de Justicia, se salvó. Los asaltantes tuvieron nueve fallecidos en combate, once heridos (cuatro por fuego amigo), y una cuarentena de detenidos, posteriormente ejecutados por el ejército. Hubo, además, nueve civiles muertos en Santiago de Cuba.
El fracaso operativo de la acción fue inapelable. Pero la victoria propagandística fue total: el poder entró en pánico, poniendo al descubierto las debilidades del régimen que se agrandarían con el paso del tiempo. Además, Batista reaccionó de la forma más desafortunada, una represión feroz que creo entre la población un odio visceral.
Como apunta Thomas, «de no haber sido por la represión, el asalto a Moncada sin duda se habría olvidado, considerándose como otro incidente brutal y oscuro en la vida de Fidel Castro».

El 26 de julio de 1953: el día que comenzó la desgracia de todo un pueblo

Qué fue el 26 de julio?
Que significa?
Primero que todo fue un acto de terror, eso nadie lo puede poner en duda, porque incluso en el momento que ocurren los hechos no había guerra declarada, por tanto fue un acto terrorista contra militares «CUBANOS».
Segundo fue un fracaso, y debió ser más si hubieran asesinado al principal culpable de la desgracia de Cuba (Fidel Castro) que supuestamente venía para quitar una dictadura (la de fulgencio Batista) para colocar la de (Fidel Castro)
Tercero este día debería ser de tristeza absoluta pues fue el inicio de una guerra sangrienta que costó la vida a 20 mil cubanos.
Que trajo el 26 de julio?, bueno que esa misma bandera la usarán los terroristas de Centro América, los terroristas Chechenos y otros terroristas alimentados por las ideas de un comunismo que soluciona de palabra los problemas de los pueblos, pero en realidad lo que impone es «dictadura».
Que se logró con el 26 de julio de 1953?
Primero idiotizar un pueblo convertirlos de analfabetos alfabetizados, a analfabetos políticos, con ojos cerrados al mundo, sin sentido común, sin más identidad que la de un Partido Comunista que solo piensa en el orgullo de oprimir un pueblo con sus leyes, decretos y malas decisiones.
El 26 de julio de 1953 comenzó la desgracia de Cuba, si es cierto que Fulgencio Batista era otro dictador y se necesitaba poner en su lugar, pero no para poner a otro dictador, el pueblo de Cuba perdió todo, y entre ellos la libertad de decidir.
Castro hizo miles de promesas como que derogaría la Constitución de 1940, una constitución que para especialistas de todo el mundo era una de las más justas, democráticas, diversas y plurales, pero no estaba en la línea de poder absoluto, no respaldaba una dictadura como la de Fidel Castro.
Pero no le podemos echar la culpa al diablo si al pueblo le encantaba sus diabluras, es que aún siguen aplaudiendo muchos todas sus maldades.
Ese oro rojo que estaría al alcance de todos(carne de res) esos huevos que exportamos y que ni con bloqueo(que ya existía) se podía impedir el adelanto de producción, el 26 de julio trajo un embargo que ha sufrido el pueblo, sin embargo nadie se ha preguntado: quién tiene la culpa?.
La culpa, bendita culpa, la tiene la dictadura cubana impuesta por 64 años, si ellos, los que hoy se acomodan en el poder pidiendo sacrificio, resistencia, fidelidad, esos mismos que hubieran dejado que el cubano fuera libre de elegir su futuro, de seguro hoy Cuba no tuviera BLOQUEO, aunque este bloqueo duele más por las imposiciones de ellos que por las verdaderas sanciones del imperio, y a quedado muy claramente con las MYPIME que traen productos de todo el mundo en contenedores y parece que el BLOQUEO no les afecta, acaso no te has preguntado eso?.
El 26 de julio de 1953 fue el comienzo de la desgracia del cubano, posiblemente en estos 64 años de revolución y sumando 70 de aquel asalto, el pueblo cubano no ha oído y vivido tantas mentiras y promesas, desde una salud gratuita que la hemos pagado por años con el salario justo que deberían pagarle a cada trabajador, así como la educación de adoctrinamiento y política continua para mantener idiotizados a todos los cubanos, mentiras tras mentiras, desde ese 26 de julio de 1953, cuando el alegato del propio Fidel Castro delata su mente enfermiza, orgullosa de poder con los años.
Castro esgrimía las cinco leyes revolucionarias que debían ser una terapia de choque: el restablecimiento de la Constitución de 1940(no la cumplió), la reforma agraria(destruyó la agricultura de Cuba), el pago de un 30% de los beneficios a los obreros(salarios míseros por más de 60 años), el pago del 55% de los beneficios a los trabajadores de los ingenios azucareros(hoy destruido más del 80% de los centrales azucareros y sus obreros ganando miserias)y la confiscación de los bienes de quienes hayan cometido fraude a los poderes públicos(aquí fue donde más se acercó porque expropió todo, los de fraudes y todo empresario, robó como buen delincuente, y luego criticaba el EMBARGO que nació de esos robos despiadados)
Toda la Revolución ha sido una gran mentira, recuerdo aquel discurso de 1960 cuando dijo:»Dicen que somos comunistas, nostros nunca seremos comunistas». Un año después declaraba el llamado carácter socialista de la Revolución, y fue más lejos con esa frase de «Comunismo o muerte»(otra mentira surgida de aquel 26 de julio)
Y que hablar de los fusilados, cientos, de los que durante estos 64 años y de los que han ido a la cárcel por simplemente no aceptar un régimen totalitario, y a los que acusan de cualquier cosa menos de poner el nombre de preso político.


Hoy en la actualidad hay 1132 presos políticos que no reconoce el régimen, muchos jóvenes que se rebelaron contra la dictadura el 11 de julio de 2021, gente que grito a Canel : Mentiroso!, pueblo que gritó a Ramiro Valdéz: Asesino!, están matando el pueblo de hambre.
El 26 de julio de 1953 por poco hace que este mundo en parte desapareciera, cuando el revolucionario Fidel Castro comenzó la llamada crisis de los misiles. Por suerte los ruso supieron poner en su lugar, porque tal vez hoy no estuviéramos contando esto.
Que decir de las promesas de construir una sociedad de bienestar común de eliminar el CUC para que la moneda del país adquiriera valor, hoy en Cuba vale cualquier moneda menos la nuestra, todo ha sido una gran mentira repetida y creída por muchos. Al cubano solo le falta ir a Haití el país mas pobre del mundo, para darse cuenta que está mejor que el suyo con toda la pobreza existente.
El 26 de julio de 1953 a traído emigracion en masa de cubanos durante años, escapando del sueño comunista inalcanzable. Lo más interesante es que los que se mantienen en el poder predican la fecha bajo las mismas mentiras de aquel 1953.
Hoy estamos esperando la 1.7 viviendas de Díaz Canel, estamos esperando el avance económico que prometió en diciembre del año pasado, esperamos ansiosos por ver esa soberanía alimentaria, esos precios reducidos, ese apagón desaparecido, esa agua llegando por las tuberías, estamos ilusionados con estos salarios que subieron y dan para un litro de aceite, nos emociona el final de los ancianos que ganan 1500 pesos cubanos en esta revolución que no abandona a nadie,nos alegra ver esos avances en la salud pública donde murieron casi 9000 cubanos de COVID y que no hay ambulancia, que no hay medicina, oxígeno, nada, ni carrozas fúnebres para llevarte a descansar en la última morada, y salir de esta dictadura mentirosa y manipuladora.
Por menos que esto en otros países ha linchado a los presidentes, pero el drama cubano es un adoctrinamiento de 64 años y los que despiertan se van, porque pelear contra una dictadura o es la cárcel o la muerte.
Nos falta mucho por despertar, por entender que el enemigo no está a 90 millas, el enemigo está en nuestra casa hablando todo los días por el televisor, la prensa, queriendo pasar por bueno, por eficiente,por trabajador, por humilde, mientras vacaciona en Europa, compra carteras de mil dólares para su mujer, mientras los hijos viajan en avión privado, y hacen comelatas todos los días y lo publican para burlarse en la cara de todos los humildes de la revolución.
El 26 de julio un día pasará a la historia como debe ser, el día donde la maldición y destrucción de todo un pueblo comenzó.
Y para los incrédulos no hay mal que dure cien años….ni dictadura que resista.
Patria y Vida

Idi Amin el sanguinario dictador de Uganda y su amigo Fidel Castro

🛑 CUBA -UGANDA Idi Amin, el dictador que gobernó en Uganda entre 1971 y 1979
Era un hombre de una contextura física imponente. 1.95 de altura, más de 150 kilos de peso. Arrogante, desbocado, cruel, asesino de masas, personaje mediático -uno de los primeros-, publicista de su propia persona, déspota voraz. Su figura y su recuerdo persisten aunque el paso del tiempo haya puesto en primer plano, haya privilegiado su costado excéntrico, las anécdotas desopilantes a su descomunal capacidad criminal.

Idi Amin, dictador ugandés goberno durante buena parte de los años setenta. La desmesura que sus múltiples títulos anticipan fue la que puso en práctica mientras gobernó a su antojo a Uganda entre 1971 y 1979.

Amin se presentaba de una manera especial, única. El título era largo, muy largo. Y era dicho en su totalidad en cada aparición pública, mencionado en cada audición radiofónica, rubricado en cada documento oficial e impreso en cada artículo de la prensa gráfica. No había posibilidad de abreviarlo. Nadie se hubiera animado a hacerlo. Presidente vitalicio, Jefe de las Fuerzas Armadas, Mariscal de campo, Doctor, Vc, DSO, MC, Señor de todas las bestias de la tierra y de todos los peces del mar, conquistador del Imperio británico de África en general y de Uganda en particular, y último rey de Escocia (las iniciales eran menciones honoríficas y condecoraciones que él mismo se había otorgado).

Fue, en un tiempo generoso en dictadores, uno de los más conocidos y estuvo entre los más sanguinarios

El ascenso al poder

Idi Amin había entrado al ejército de casualidad. En tiempos de dominación inglesa pasó un día cerca de un cuartel y al ver su físico imponente lo invitaron a sumarse. Tenía 21 años y ningún oficio; era un bayaye según explica Kapuscinski: una persona que llegó del campo a la ciudad pero que no tenía nada para hacer, un desarraigado que sólo vagaba por la ciudad; había millones de ellos en Uganda.

Fue creciendo en la fuerza por su obediencia y su audacia, una combinación que los jefes valoraban. Cuando Uganda se independizó, él ya había llegado a la cúpula del poder militar. Desde allí acompañó a Obote, el primer jefe de estado del nuevo país libre. Para 1971 las relaciones entre los dos estaban deshechas. La cercanía de Idi Amin con el poder lo había tentado a quedarse con dinero que no le correspondía. Su codicia se había desatado.

El presidente Obote lo acusó (con fundados motivos) de quedarse con (mucho) dinero destinado a la lucha insurgente en otro país africano. Pero Obote, demasiado seguro de su poder, luego de la denuncia pública viajó a Singapur a un encuentro multilateral. Idi Amin se dio cuenta que corría peligro y apostó fuerte.

El 25 de enero de 1971 inició un golpe de estado. En cuestión de horas tuvo el país bajo su mando. Prometió que el orden constitucional regresaría, que sólo se trataba de una medida de excepción, que en cuanto el país estuviera estabilizado llamaría a elecciones: “Soy militar, no un político”, dijo. Pero a medida que pasaban los meses, la palabra “elecciones” se fue borrando de su vocabulario, se perdió en la bruma de su locura autoritaria.

«Soy militar, no político», dijo, prometiendo elecciones, luego de hacerse con el poder» (cualquier parecido con Fidel Castro es simple coincidencia de dictadores)
En Occidente su figura fue muy conocida. Tuvo una evolución (en realidad una involución) desde su asunción. Fue tapa de las revistas más importantes (El hombre salvaje de África lo llamó la Time) y hasta objeto de burla en los programas cómicos más exitosos de Estados Unidos (en Saturday Night Live lo imitaron varias veces) y en Inglaterra (fue ridiculizado por Benny Hill). No hay en la actualidad una figura similar. Ningún primer mandatario africano tiene el nivel de conocimiento que tenía Idi Amin en ese momento.

Como suele ocurrir, recibió apoyos varios a su llegada al gobierno. Pero cuanto más poder acumulaba, más despóticamente lo ejercía. Y más se separaba de sus primeros sostenes.

Al principio fue bien recibido por Occidente. En esos tiempos, los países europeos y Estados Unidos tenían menos remilgos para recibir dictadores. Es más, en medio de la Guerra Fría los apoyaban abiertamente. Los derechos humanos no ocupaban un lugar importante en la agenda. Lo fundamental parecía que ningún país emergente cayera bajo el influjo soviético.

Un día en los primeros años de la década del setenta, Amin tomó su avión y llegó de improviso a Inglaterra. El protocolo se activó rápido y esa misma noche cenó en el Palacio Real con la Reina y el Primer Ministro. La Reina en medio de la cena, con amabilidad y algo de cinismo, le dijo: “Debería avisarnos con más tiempo la próxima vez, así lo recibimos como corresponde. ¿Qué lo trajo a nuestro país?”. Idi Amin siguió comiendo con fruición, mostrando un apetito voraz, y sin dejar de masticar respondió: “En Uganda es casi imposible conseguir buenos zapatos de talle 48”.
Después envió varios telegramas a la Reina. Siempre los encabezaba de la misma manera: “Liz”. Se proclamó último Rey de Escocia y obligó a su séquito a usar polleras cuadriculadas y a tocar la gaita. Cada vez que podía ofrecía sarcástica ayuda alimentaria a los ingleses para que sobre llevaran la crisis de fines de los años setenta.

También fue en visita oficial al Vaticano. Antes de ser recibido por Paulo VI, alguien del protocolo papal tuvo la precaución de cerciorarse cuál sería la vestimenta del dictador ugandés: uniforme militar cargado de medallas y condecoraciones, charreteras y cordones dorados, decenas de ellos colgaban de su pecho ancho (de no haber medido tanto más de diez medallas deberían haber quedado en un cajón). La aclaración es casi innecesaria: ninguna de esas condecoraciones había sido otorgada por nadie más que él mismo. Un especialista en la auto veneración.

Cuando la Selección Argentina de César Luis Menotti salió campeona del mundo en 1978, la AFA recibió una enorme cantidad de saludos protocolares y propuestas. Pero hubo un telegrama que llego antes que todos a la Casa Rosada. Estaba dirigido al presidente de facto Jorge Rafael Videla. “Mi hijo Mwanga y yo somos fanáticos del equipo de su país. La conquista de la Copa del Mundo nos llenó de alegría. En nombre de todo el pueblo de Uganda invito a los campeones del mundo a pasar dos semanas de vacaciones en Uganda. Se podrán distender en nuestro magnífico parque y estar junto a millones de nuevos amigos”. Naturalmente, lo firmaba Idi Amin.

Su diplomacia a través de los telegramas era al menos excéntrica. Riccardo Orizio en su libro «Hablando con el diablo». Entrevistas con dictadores da algunos ejemplos. A Richard Nixon en medio del Watergate le escribió: “Si tu país no te entiende, vení a ver a Papá Amin, que te quiere mucho. Cuando está en peligro la estabilidad de una nación, la única solución, por desgracia , es encarcelar a los jefes de la oposición”. A Kurt Waldheim, secretario general de la ONU le mandó una misiva en la que expresaba “mi apoyo a la figura histórica de Adolf Hitler, que cometió el único y grave error de perder la guerra”. También envió sendos telegramas a Leonid Brezhnev y a Mao Tse-Tung en medio de las tensiones entre la U.R.S.S. y China: “Últimamente medité mucho sobre ustedes. Me preocupan. Me gustaría verlos felices. Si necesitan un mediador, acá me tienen”. Nadie pudo determinar si se trataba de un genio del sarcasmo o alguien con las capacidades intelectuales menguadas.

El giro en su política exterior, en su sistema de alianzas internacionales no fue, esta vez, fruto de sus caprichos, sino de sus conveniencias. Del soporte norteamericano y europeo pasó a sostenerse en el bloque soviético, Kadafi y el dinero de los príncipes saudíes. Estos premiaron la manera en que Amin hizo entrar al Islam en su país. Más del 70 % de los líderes militares y de las autoridades políticas de Uganda eran musulmanas a pesar de que sólo el 5% de la población lo era. Luego de la caída lo protegerían en su arena y sus hoteles 5 estrellas.

Idi Amin había sido campeón de boxeo de Uganda. Las fuentes no se ponen de acuerdo. Algunos dicen que de Medio Pesados y otros de la categoría máxima (esta parece haber sido su categoría dada la contextura física que demuestra en las fotos de época). Reinó entre 1951 y 1960 aunque se desconoce cuál fue la competencia interna que afrontó. No parecía muy desarrollado el boxeo ugandés.

En 1971 mientras sojuzgaba a su país agregó otra obligación más a sus tareas. Despidió al entrenador de la selección olímpica de boxeo y cómo no podía ser de otra manera se puso al frente. Hasta amenazó con presentarse él mismo sobre el ring. Realizó algunas peleas que televisó para todo el país. Las ganó todas. Sus rivales caían al primer golpe. Preferían perder por knock out a peores y más definitivas represalias.

En Uganda se hacía lo que él decía. Los ministros debían obedecer sus órdenes, adivinar sus deseos, satisfacer sus caprichos. Nadie podía negarse. Un ministro de justicia se enteró por la radio de su nombramiento. No existía posibilidad alguna de que se negara. Tomó la precaución de, apenas asumir, enviar a su familia a Londres. Pocos meses después cuando se produjeron las primeras desavenencias, Idi Amin ordenó que el ministro muriera en un accidente automovilístico. Pero ya que iban a provocar el siniestro lo mejor era subir a varios enemigos más a ese auto. Así cayeron un obispo y un titular de otra cartera. Pero el Ministro de Justicia salvó su vida escapando a Kenia un día antes. Nadie le había avisado, no era necesario. Era evidente que pendía sobre él una virtual pena de muerte.

Alguna vez un ministro de economía le presentó unos números fatales. El país estaba quebrado. Debían tomar medidas de excepción, clamó. Idi Amin se levantó de su silla furioso y gritó : “Estoy cansado de que los ministros me vengan a retar. No alcanza la plata, fabrique más. ¡Para qué tenemos la máquina que los hace!”. El ministro de economía partió al exilio apenas salió de la reunión. La prudencia le indicó que ni siquiera debía pasar por su casa.

Un caso especial fue el de Elizabeth Bagaya, hermosísima y muy capaz hija del rey de una de las tribus más importantes del país. Ella era abogada y fue la primera ugandesa en graduarse en Oxford. Fue embajadora en París, en la ONU y, finalmente, Ministra de Relaciones Exteriores. En el medio mantuvo un affaire con Idi Amin. Él salió por la radio anunciando que tenía intenciones de separarse de tres de sus cuatro esposas. El antecesor de Elizabeth en la cartera no llegó a renunciar. Desapareció. Lo encontraron semanas después a orillas del lago Victoria comido por los cocodrilos.

Después de un tiempo, la relación entre Amin y Elizabeth se deterioró. Él zanjó la cuestión a su manera. En una cadena nacional dijo: “Nuestra ministra de Relaciones Exteriores ha cubierto de vergüenza al país. Fue descubierta haciendo el amor con un blanco en los baños del aeropuerto de París. Queda fulminantemente despedida”. La mujer había tomado la sabia precaución de cruzar la frontera hacia Kenia unas horas antes. Elizabeth luego participó desde el exterior en el derrocamiento de Amin.

Sufrió varios atentados (hay que reconocer que a los enemigos se los ganaba con facilidad) pero siempre consiguió salir indemne. No así sus acompañantes, ni sus guardias de seguridad. Se vanagloriaba de su in-expugnabilidad, como si tuviera un súper poder, como si esa buena fortuna fuera un argumento más de su condición cercana a la deidad, un motivo más para sus arbitrariedades. A pesar de eso, Idi Amin tomaba sus recaudos. Vivía en un estado de paranoia permanente -bastante justificado-: no dormía dos veces seguidas en la misma casa, no se sabía en qué lugar tendría las reuniones, nadie podía contactarse con él; Amin llamaba a sus ministros y secretarios desde sus escondites y guaridas, y estos debían estar disponibles las 24 horas del día para él. Cuando se exilió, mantuvo esa costumbre nómade. Y pese a la lejanía, soledad y seguridad de Arabia Saudita, él siguió siendo escurridizo e inhallable.

Así como no se sabe con exactitud el número de víctimas del dictador, tampoco se conoce cuántos fueron sus hijos. Algunas fuentes hablan de 54 y otras de 41. El hijo mayor durante años dirigió un grupo insurgente que desde las fronteras ugandesas trató de tomar el poder.
Sus esposas fueron siete. Varias de ellas simultáneas, era polígamo. Con las tres primeras se volvió a casar en sus primeros meses en el poder. Su intención no era renovar el vínculo, hacer una nueva demostración de amor (de hecho se separó de ellas poco después), sino poder televisar el evento en su país y conseguir que le hicieran buenos regalos. En 1975 se casó con una joven bailarina desnudista de 19 años. El antiguo novio de la chica apareció muerto a los pocos días. Con su quinta esposa mantuvo una relación tormentosa que terminó en ruptura. Luego de que el matrimonio se disolviera no se supo de ella por unos días hasta que apareció en el baúl de un auto. Llevaba casi una semana muerta, había sido decapitada y estaba desmembrado; sus brazos y piernas se amontonaban en una bolsa plástica.

En 1975 se casó con una joven bailarina desnudista de 19 años. El antiguo novio de la chica apareció muerto a los pocos días
Las excentricidades, los momentos graciosos, los excesos y frivolidades son inagotables y hasta producen un innegable efecto cómico. Esa frontera en la que no se sabe si actuaba en serio o aprovechaba para reírse de todo el mundo. Sin embargo, la dimensión bufonesca no debe postergar el cariz absolutamente criminal de su conducción de Uganda.

Sin números exactos -es lo que producen estas matanzas indiscriminadas- los cálculos fluctúan entre las 100 mil y 300 mil víctimas. En los años setenta los dictadores tenían mucha competencia. Pero entre ese nutrido elenco, Idi Amin logró destacarse por su pasión criminal y su ausencia total de límites. Fue un dictador brutal, un asesino de masas.

En el ejercicio del poder persiguió a las minorías, a los opositores, a los que osaban contradecirlo, a los que les caían mal y hasta a los que no conocía (por si acaso). Ordenaba torturas y asesinatos con frecuencia diaria. Sobre él se tejieron los más diversos rumores. En esa figura pantagruélica y despótica todo se concebía como posible. Se dijo que guardaba los cráneos de sus enemigos en un salón de su palacio y que era caníbal. Aunque algunos de sus seguidores decían que esto era mentira “porque a Idi Amin la carne humana le parecía demasiado salada”.



Las torturas se realizaban en edificios céntricos que, por el calor asfixiante, tenían siempre las ventanas abiertas. Desde la calle se escuchaban los gritos y gemidos de las víctimas y hasta los disparos de los torturadores.

“Uganda empezó a convertirse en un teatro -trágico y con sangre brotando a borbotones- de un solo actor: Idi Amin”, escribió el cronista polaco Ryszard Kapuscinski, quien durante años trabajó en una biografía del dictador que nunca terminó de escribir.

Uganda se fue empobreciendo aún más bajo su liderazgo. Al principio echó a los hindúes de su país. Más de 50 mil personas debieron exiliarse. Sus negocios y fábricas (casi todas prósperas) quedaron en mano del estado o de amigos del dictador. Todas esos negocios se fundieron con velocidad. También expulsó a los europeos y a miles de africanos que habían elegido Uganda para vivir. La cerrazón cada vez era mayor. Era el único camino para mantener el poder. El menor atisbo de apertura impediría que siguiera en el cargo.



El terror de Idi Amin no duró demasiado si se lo compara con otros gobiernos vitalicios de la región con dictadores que se mantienen a cargo por décadas. Él aguantó tan sólo 8 años.

Lo que desencadenó su caída fue, una vez más, su megalomanía. El odio personal que sentía por el primer mandatario de Tanzania hizo que intentara invadir ese país. El intento ugandés fue repelido con sencillez. Pero las fuerzas de Tanzania no se limitaron a defenderse y pasaron al ataque. La ofensiva breve y casi incruenta (los tanzanos sólo perdieron un tanque en la campaña: lo que habla del estado de preparación de las fuerzas armadas ugandesas).

Idi Amin escapó de Uganda. Su reinado atroz había finalizado. Primero quien le brindó una guarida fue el libio Kadaffi; después recaló definitivamente en Arabia Saudita donde bajo el calor del sol abrasante y de los petrodólares permaneció protegido en la ciudad de Yida. En sus últimos años pidió impunidad para regresar a Uganda pero le fue negada. Debía pagar por sus crímenes.

Murió en 2003 en Yida sin haber sido juzgado por los cientos de miles de muertes que provocó.

Su relación con Fidel

El presidente Idi Amin invitó a las tropas cubanas que se encuentran en Etiopía y Angola a que pasaran sus vacaciones en Uganda, según una información de radio Kampala captada en Londres.

Después de calificar de «héroes de Africa» a los cubanos, el presidente Amin dijo que esas actuaciones en el continente negro les hacían acreedores a ser recibidos como héroes en su país.

Todo ocurrió en medio de la Guerra de Angola. Y Fidel por supuesto fue recibido por Idi Amin, ambos cenaron juntos y discutieron sobre los temas que les interesaban.

Fidel le obsequió puros «Havanos» todo esto ocurrió el 5 de julio de 1978, y la invitación había sido el día 3 de julio es decir prácticamente en unas horas Castro fue a fraternizar con su colega Idi Amin.

Según recogió la emisora Kampala: » …el encuentro fue amistoso, Fidel Castro almorzó junto al mandatario Idi Amin y ambos hablaron sobre el curso de las relaciones de Cuba-Uganda, también sobre las acciones que se llevaban a cabo para concluir la guerra, y las ayudas para las tropas cubanas, también se habló sobre el comercio entre Cuba y Uganda, y las acciones para crear lazos económicos eficientes»…

Si miramos la historia de uno y otro dictador, Castro y Idi eran cortados con la misma tijera.