El Génesis del comunismo castrista (Parte I)

Algunos fuera de Cuba creen que el régimen cubano ha sido una muestra de triunfo social, algunos opinan que Castro fue un genio, que su simbolismo político de líder es inigualable e incluso después de muerto.
Algunos  podrán pensar que el hombre con todos los supuestos atentados (más de 600) y amenazas inventadas, era un líder único y sin precedentes.
Y dentro de la isla algunos lo creen también, es mas, es común que aunque sea la misma revolución que hoy lleva Miguel Díaz Canel la gente en Cuba diga de vez en cuando: «…con Fidel esto no pasaba» si darse cuenta que lo que se vive es el legado del mal que dejó su líder.
Pero si miramos la política de la Revolución Cubana solo podemos llegar a una conclusión, ha sido para esclavizar, maltratar y aniquilar a todo un pueblo lentamente. La revolución de Fidel Castro Ruz es una dictadura que impone, que se disfraza que se hizo, desarrolló y morirá bajo la mentira despiadada de sus dirigentes.
Antes del triunfo revolucionario comenzó la mentira en su alegato en «La Historia me absolverá», aunque me atrevería a decir incluso en los planes de los sucesos que se planearon en la Granjita Siboney.
En su famoso discurso de 1953,  prometió convertir a Cuba en el paraíso sobre la Tierra, dijo orgulloso a quienes lo condenaban: «Condenadme, no importa, la Historia me absolverá». Si acaso, Cuba fue el paraíso particular de Fidel, del clan Castro y de sus más fieles seguidores en el poder político. Con esos hechos, si la Historia lo absuelve, quedaría demostrado que, como muchos piensan, la Historia es una vieja Dama, indigna e hipócrita.

En la obra» La historia me absolverá», se expone los seis problemas fundamentales que según Fidel Castro, Cuba presentaba en aquel momento y que lo habían llevado a sublevarse contra la dictadura de Fulgencio Batista:

1-Problema de la tierra: 85% de los pequeños agricultores pagaban renta y sufrían la amenaza de desalojo.
2-Problema de la industrialización: la población urbana llegaba a los dos millones y medio de personas que debían pagar altos alquileres por las casas que ocupaban,
3-Problemas de desempleo: más de un millón de desempleados,
4-Problemas de vivienda: las familias vivían hacinados,
5-Problemas de educación: gran parte de la población era analfabeta,
6-Problemas de salud: 90% de los niños del campo eran devorados por parásitos.
Por estas causas el  26 de julio de 1953 ataca los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

Foto: Batista y Fidel


Es bueno se conozca que meses antes del asalto a los cuarteles de Santiago de Cuba, Fidel Castro había puesto una demanda contra Fulgencio Batista.
Castro denunció a Batista ante un Tribunal de Urgencia por violar la constitución. Los tribunales rechazaron su demanda. Castro decidió abandonar la lucha política para pasar a la lucha armada para derrocar a Batista.

El Moncada fue un desastre que bajo el lema «Encender la llama de un levantamiento general del país: ser los iniciadores». Se llevó a cabo.
La fecha del 26 de julio fue elegida por coincidir con las fiestas patronales de Santiago: la probabilidad de despiste por parte de los soldados encargados de custodiar la instalación militar era alta. Castro y su grupo también habían previsto hacerse con el control de otros edificios en las proximidades del cuartel y lanzar otro ataque, de menor intensidad, en Bayamo.
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El cuartel de Moncada era, en 1953, el segundo más importante de Cuba, sede de varias unidades militares. Situado en Santiago de Cuba, segunda ciudad del país, su toma fue considerada por un joven Fidel Castro como el primer objetivo de cara a una a sublevación encaminada a extenderse por toda la isla. «Encender la llama de un levantamiento general del país: ser los iniciadores». Ese era el lema.

La fecha del 26 de julio fue elegida por coincidir con las fiestas patronales de Santiago: la probabilidad de despiste por parte de los soldados encargados de custodiar la instalación militar era alta. Castro y su grupo también habían previsto hacerse con el control de otros edificios en las proximidades del cuartel y lanzar otro ataque, de menor intensidad, en Bayamo.
Fidel Castro
El grupo liderado por Castro estaba conformado por alrededor de 150 personas. Como precisa Hugh Thomas en Historia de Cuba, la mayoría eran «obreros industriales, trabajadores agrícolas y dependientes de comercio». Mas bien encuadrados por una élite con ideas claras: Castro, líder estudiantil, y Abel Santamaría, contable de una empresa. El primero ya se dedicaba al activismo desde mediados de los cuarenta; el segundo, tardó un poco más. Ambos, en todo caso, intensificaron sus acciones a raíz del golpe de Estado de Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952.
Desde ese día, prácticamente, empezaron a preparar la acción de Moncada. Al cabo de un año, el armamento congregado era escaso: según Thomas, «tres rifles del Ejército norteamericano, seis viejos rifles Winchester, una ametralladora antigua y varios fusiles de caza». Según varias fuentes, aunque el episodio no está lo suficientemente documentado, Castro visitó previamente a su entonces cuñado, Rafael Díaz-Balart, a la sazón subsecretario de Interior, para cerciorarse de que las autoridades no sospechaban nada.
A las 5.30 de la mañana del día de marras, veintiséis coches salieron de Siboney –la finca utilizada como retaguardia– en dirección a Santiago. Algunos de ellos, alrededor de un tercio de los efectivos, se perdió antes de llegar al cuartel. Otros errores agudizaron la insuperable desventaja de los asaltantes.
Consciente de que seguir combatiendo en semejante condiciones solo podía desembocar en una masacre para los suyos, Castro ordenó la retirada general, pero sin avisar al resto: Santamaría, que había logrado tomar el Hospital Civil, ignoraba la consigna. Lo pagó con su vida. Raúl Castro, que había hecho lo propio con el Palacio de Justicia, se salvó. Los asaltantes tuvieron nueve fallecidos en combate, once heridos (cuatro por fuego amigo), y una cuarentena de detenidos, posteriormente ejecutados por el ejército. Hubo, además, nueve civiles muertos en Santiago de Cuba.
El fracaso operativo de la acción fue inapelable. Pero la victoria propagandística fue total: el poder entró en pánico, poniendo al descubierto las debilidades del régimen que se agrandarían con el paso del tiempo. Además, Batista reaccionó de la forma más desafortunada, una represión feroz que creo entre la población un odio visceral.
Como apunta Thomas, «de no haber sido por la represión, el asalto a Moncada sin duda se habría olvidado, considerándose como otro incidente brutal y oscuro en la vida de Fidel Castro».