Masha es una pequeña niña con una discapacidad intelectual, que es menospreciada por sus padres. Algo común en la Rusia de los años 70 en la Siberia Soviética.
Un día la pequeña Masha Igovish se pierde en el bosque.
Tras varios días de dormir en la intemperie, la pequeña niña construye, como puede, un pequeño hogar a base de ramas, palos y hierbas. Las cosas para Masha se complican pues a la pequeña niña comienza a darle hambre.
Un día, desesperada, Masha va a buscar comida, pero al volver ve su casa derribada y se encuentra con las huellas de un oso. Masha empieza a caminar sin rumbo fijo hasta que finalmente encuentra una cabaña abandonada.
La pequeña decide pasar ahí la noche pero tras quedarse dormida un oso entra a su nuevo hogar. La niña se despierta al escuchar el ruido.

El oso está parado junto a su cama. Masha siente el aliento frío del animal salvaje. La pequeña niña da un grito de terror y enseguida el oso la ataca. Al día siguiente un explorador encuentra a la niña hecha pedazos. El cuerpo de Masha no es más que un cúmulo de tirones de piel desgarrada, su cráneo está destrozado y la expresión de la niña aún conserva el terror.

El explorador indaga más sobre la pequeña en incluso busca todas las pistas aquí narradas, y conmovido por la triste historia de Masha decide hacer una historia con un final menos atroz, en donde Masha es adoptada por un viejo y noble oso de circo que la cuida y le da el amor que nunca tuvo.
La niña fue lanzada al mundo en 2009 por Animaccord, una productora que se creó un año antes especialmente para el proyecto Masha y el Oso. La creatividad de la industria de los dibujos animados de este país siempre ha sido pujante.
Dimitry Loveyko, productor de Masha y el Oso, cree que la animación soviética conquistó pantallas fuera del país porque «adaptaba lo mejor de los valores familiares y la ideología soviética no entraba, porque no había diálogos». Pero los personajes de aquellos dibujos apenas fueron conocidos más allá de los países del viejo bloque socialista. En el sentido contrario, el bloqueo era casi total: «Era un mundo cerrado, no veíamos lo de fuera

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