El hueso de la indolencia

CUBA. Un pueblo exhausto, que ya no puede resistir más, y que está a punto de estallar, pero que no acaba de decidirse.

Foto: Huesos vendidos al pueblo cubano


La dictadura cubana hace tiempo dejó de pensar en políticas sociales, de beneficio popular. Dejó de pensar en alimentar al pueblo, en solventar las necesidades aunque sea con las migajas de siempre.
Las medidas que se han dictado en los últimos 5 años sobre todo, -con Raúl Castro en las sombras, pero moviendo los hilos de su títere- han ido dirigidas a sostener a ultranza un Poder cada vez más y más debilitado. Y como toda dictadura necesita favorecer a un grupo que la sostenga, así hemos visto florecer a una nueva clase privilegiada que se enriquece a la sombra de normas legales que la amparan.
Las riquezas del país se la roban también cientos de empresarios extranjeros que han tejido una compleja trama de corrupción en torno a la jerarquía castrista, y que es mucho más antigua y oculta que la más reciente y descarada entrega de soberanía y servilismo a la oligarquía rusa y al sistema que controla aquel país.
En ese contexto, el hambre se ceba en los cubanos.
Ya no se trata sino de sobrevivir, porque los cubanos hemos sido arrojados a un verdadero Holocausto.
El trabajo ya no incentiva ni a las personas más honestas, porque la gente sobrevive del trueque, del robo, de la delincuencia generalizada.
Y en la vanguardia de este caos, el régimen castrista, que por obligación debería amparar a los ciudadanos y buscar una salida a la crisis, no hace más que apretar el dogal al cuello del pueblo.

Solo los huesos de la indolencia van quedando para un pueblo que ya ni sobrevivir cabe en la mente del cubano.


La salida a esta tragedia -cada vez más visible para mi- está en levantar un nuevo país sobre el cadáver insepulto del régimen castrista.
Los que hoy lo impidan, cargarán en sus hombros las consecuencias de su complicidad.
No más dictadura en Cuba.